jueves, 3 de marzo de 2011

Cuidada puesta de largo de dos zarzuelas olvidadas


Programa doble

EL ESTRENO DE UNA ARTISTA (Gaztambide)
y GLORIA Y PELUCA (Barbieri)
Del 11 de febrero al 13 de marzo de 2011
Teatro de la Zarzuela
(Madrid)


Crítica del montaje

Exquisita presentación para la exhumación de dos títulos en apariencia "menores" de nuestro Teatro Lírico. La zarzuela se mofa de la pujante ópera belcantista italiana del XIX de la mano de un gran conocedor del género lírico, el director de escena Ignacio García, que ha pretendido hilvanar argumentalmente las dos obras, alejadas originalmente de secuencialidad (Gloria y Peluca vio la luz en 1850, El Estreno de una Artista en 1852).


Estos títulos felizmente recuperados por el Teatro de la Zarzuela (únicamente Gloria y Peluca se había representado en 1982, pero ya queda lejos) forman parte de la primera etapa importante de nuestro género lírico (la de la Primera Generación, los Padres de la Zarzuela), y encontramos en ambas algunas similitudes: las dos poseen formato pequeño (se estructuran en un acto), pero no son género chico, ya que se enmarcan temporalmente en la época dorada del género grande; y las dos hablan del "teatro dentro del teatro", o sea, de la propia disciplina lírica: El Estreno... más concretamente versa sobre la dificultad de una cantante para abrirse camino en ese complejo mundo artístico en la Florencia de mediados del siglo XIX, y en la obra de Barbieri se muestran las frustradas ínfulas de un peluquero de convertirse en un afamado compositor de ópera italiana. Los libretos de las piezas han sido recortados debidamente, adaptados a una nueva dramaturgia, y la balanza se ha decantado más por el componente musical que por el textual, algo que en los originales es a la inversa.

La música de ambas obras se parece mucho: (todo)poderosa influencia operística italiana en cuanto a dinámicas y tratamientos vocales; intentos de incluir algún ritmo o baile español (copla de la gitanilla de El Estreno de una Artista, ritmo de seguidillas en el Dúo de María y Marcelo de Gloria y Peluca); gran utilización del coro por grupos vocales, grandes concertantes, etc, pero en cuanto a los textos (ambos en verso) el de la obra de Barbieri (de José de la Villa del Valle) es bastante sencillo, flojo y, digámoslo, tontorrón, respecto al de la zarzuela de Gaztambide, en este último caso una libre adaptación de Ventura de la Vega de una pieza de Eugéne Scribe y Mélésville ("La Debutante").

La escenografía (debida a Antiqua Escena), al igual que el lujoso vestuario (de Javier Artiñano), son de época. El salón de un gran palacio ducal con distintos pisos, en cada uno de los cuales ejecutan varios instrumentistas (en realidad miembros del coro con instrumentos en escena), conforma la escena en la obra de Gaztambide. Para la de Barbieri se opta por aprovechar ese mismo escenario, pero mostrando la tramoya de un teatro, esto es, su parte trasera, las bambalinas, dejando ver a los ojos del espectador la estructura interna de un escenario de ópera, situando en primer plano la habitación de trabajo del peluquero protagonista, integrada por estantes repletos de pelucas que coronarán las cabezas de los cantantes que están interpretando en la parte superior ("un escenario dentro del escenario") la ópera de Bellini I Capuletti e i Montecchi. Esta ópera belcantista tiene un notable protagonismo en la función: se habla y se escuchan pequeños fragmentos de ella en cada una de las obras de este programa doble.


En el primero de los títulos el favor del respetable se lo lleva casi absolutamente la soprano ligera Sonia de Munck, en el personaje de la debutante Sofía, magnífica y soberbia en las complejísimas agilidades vocales de corte belcantista a las que debe enfrentarse, e irresistiblemente deliciosa en su presencia escénica, con dosis de dulzura, ingenuidad y candor juveniles para su personaje: una cantante dudosa e inexperta en un mundo artístico competitivo e intrigante.

La gran voz masculina triunfadora de la velada es la del barítono Marco Moncloa, hijo de la prestigiosa profesora de canto Dolores Marco, que en ambas piezas posee un amplio protagonismo vocal y escénico. Encarna al intrigante Astucio (director teatral) y a Marcelo Pelusa (peluquero), en realidad el mismo personaje, pero con distintos nombres en cada obra. Voz carnosa, potente y sólida, casi de bajo-barítono, Moncloa sabe combinar magistralmente las facetas bufas con las serias. Loable su recreación en Gloria y Peluca de su extravagante personaje, sobre todo en el número solista en que debe imitar bufa y absurdamente a tres personajes de su "ópera frustrada": un bajo, una soprano y un tenor. Y todo lo hace él solito, gesticulando, con increíble vis cómica y sorprendente agilidad para lidiar ese complejo número en cuanto a los cambios de registro vocal.


Juan Manuel Montero (Enrique, amante de la debutante Sofía) con su melodiosa y varonil voz de tenor lírico (recuerda la de Pedro Lavirgen porque estudió con él) se imbrica y complementa eficazmente con la de su pareja artística, Sonia de Munck, alcanzando una interpretación memorable, muy operística, del bello dúo de soprano y tenor de la obra de Gaztambide.

La soprano lírico-ligera Dolores Lahuerta (como María, esposa de Marcelo Pelusa en la zarzuela de Barbieri) sobrellevó con bastante elegancia y soltura su personaje castizo madrileño, con una voz fresca de fácil emisión. Por su parte, la mezzo argentina Marisa Martins, convenció más en el plano actoral que en el vocal en el personaje de Marietta, la esposa cantante del director Astucio, en Gaztambide.

Sorprendente la distinción y el porte con los que ha llevado su personaje del Gran Duque, mecenas y amante de la música, el ex Neng de Castefa, el humorista Edu Soto, debutante en el mundo lírico (como la del primer título). Las breves frases cantadas del concertante final de la zarzuela de Gaztambide también las recreó con aceptable solemnidad, y sobre todo, entonación. Igualmente destacable la actuación del secundario Emilio Gaviria como Maestro Toscán, que pone la guinda en cada breve intervención que realiza, profiriendo su constante exclamación: "¡Intriiigaaa!".

El joven Santiago Serrate dirigió a una Orquesta de la CAM bastante potente (aunque a la mayoría de las voces, Coro del Teatro incluido, no les tapa el caudal orquestal, saben elevarse por encima con facilidad).

El Teatro de la Zarzuela se ha vestido de gala y ha envuelto en papel de regalo dos pequeñas joyas desconocidas de nuestra lírica. Sólo por lo estupendamente montadas que están, son recomendables al 100%.